lunes, 11 de diciembre de 2006

"Pedofilia, características, enfoques teóricos y tratamientos". Por Daniela Di Pillo S.


1-. Introducción

Dentro de todas las temáticas sexuales que se han abordado en el área de la Psicología, el de las parafilias tal vez constituya uno de los que más curiosidad e interés haya despertado en todas las épocas de la humanidad. El término Parafilia, aunque se construye con dos palabras griegas, es el adoptado en las Clasificaciones actuales de los trastornos psicosexuales a fines del siglo XX, pues carece de connotaciones peyorativas o morales. Etimológicamente, proviene del griego "pará" al lado, desviado y "philéo", atracción, amante. Las diferentes definiciones van dando elementos que nos servirán para la nuestra propia. En los diccionarios antiguos simplemente dice: sinónimo de perversión sexual y citan a Stekel, mientras en otros no figura la palabra (Flores, 1997).
Quijada en 1982 afirma que se trata de una "preferencia sexual desviada". Howitt (1995), definen las parafilias como "estados psicosexuales de reactividad obsesiva a estímulo desusado o inaceptable y dependiente de él, que buscan iniciar o mantener una situación sexual con el fin de facilitar el orgasmo".
En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV, 1995), dice que: "La característica esencial (Criterio A) de la parafilia es la presencia de repetidas e intensas fantasías sexuales de tipo excitatorio, e impulsos o comportamientos sexuales que por lo general engloban: 1) objetos no humanos; 2) sufrimiento o la humillación de uno mismo o de la pareja, o 3) niños u otras personas que no consienten, y que se presentan durante un periodo de al menos seis meses". Pero también (Criterio B) esos impulsos, comportamientos y fantasías deben "provocar malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo".
Para establecer un diagnóstico diferencial con otras conductas sexuales no patológicas, el DSM IV dice que "las fantasías, comportamientos u objetos son considerados parafílicos sólo si provocan malestar o alteraciones clínicamente significativas, como: son obligatorias, producen disfunciones sexuales, requieren la participación de otros individuos en contra de su voluntad y conducen a problemas legales interfieren en las relaciones sociales."
Es posible encontrar múltiples clasificaciones respecto de las parafilías (ver anexo 1), entre ellas, encontramos a unas de las más controversiales y reconocidas actualmente en casi todas las culturas, esta es la Pedofília.
Salvo en la Antigua Grecia y en algunas otras culturas mediterráneas, donde se toleraba la pederastia bisexual (Travin & Protter, 1993), la pedofilia ha sido conceptualizada como una monstruosidad y un escándalo per se en la cultura judeo-cristiana. De esta noción se ha derivado la creencia de que toda relación erótica niño-adulto es invariablemente traumática, perniciosa y dañina, independientemente del tipo y calidad de la relación en sí. Esto ha llevado a tres consecuencias: 1) un frecuente rechazo a discutir sobre las controversias relacionados con la llamada "edad del consentimiento", 2) la negación de la capacidad de tomar decisiones de los "menores de edad"; y 3) lo que algunos han llamado la "histeria del abuso sexual infantil". A través de los siglos, la pedofilia ha suscitado un horror comparable al que provocan otros grandes temas tabú, tales como el incesto, el matricidio y el parricidio (García-Álvarez, Moya 2003).
De esta manera, en el presente informe se pretenderá realizar una descripción lo más completa posible, respecto a este tipo de parafilia, intentando ofrecer una mayor comprensión respecto a su definición y a las características que posee. A la vez, se intentará identificar aspectos propios de la conducta del sujeto pedófilo, haciendo hincapié a las diferencias comportamentales que existen dentro el mismo trastorno.
Para tal propósito, el desarrollo del siguiente informe se dividirá en cuatro momentos, en primer lugar se presentarán algunas definiciones y consideraciones relevantes sobre la pedofilia, tomando en cuenta los criterios diagnósticos que presenta dicho trastorno. En un segundo momento, se presentarán algunas teorías que identifican o explican las causas u orígenes de esta desviación sexual. En un tercer momento, se atenderá a las características psicológicas, de la personalidad y de la conducta que se observan en los pedófilos. En cuarto y último lugar, se presentarán diversas alternativas de tratamiento, identificando en cada una, sus características centrales.

2-. Desarrollo

2.1-. Respecto de la pedofilia

A modo de comenzar con una mirada un tanto más general del fenómeno de la pedofilia, se presentarán algunas definiciones y apreciaciones respecto a este fenómeno.

Etimológicamente la palabra pedofilia o paidofilia significa amor hacia los niños (Howitt, 1995). El concepto de Pedofilia, en sí mismo, ha llevado a confusiones entre los diferentes teóricos e investigadores por ser un término definido de manera diversa. Algunos lo han usado inclusivamente, considerando la pedofilia como cualquier contacto sexual o interés por un niño, sin considerar cuan transitorio sea este comportamiento. Otros han reservado el término sólo para los individuos que sostienen un interés sexual exclusivo y permanente hacia los niños (Howitt, 1995).
Freund et al. (1984), utilizó palabras derivadas del latín para clasificar la atracción sexual a través de las dimensiones de sexo y edad:
Ginefilia: Interés sexual en mujeres físicamente adultas.
Androfilia: Interés sexual en varones físicamente adultos.
Heterosexualidad: "Preferencia erótica sostenida por personas del sexo opuesto, al existir una libertad de elegir parejas con respecto a atributos sexuales y de otro tipo, los cuales pueden determinar en conjunto una atracción erótica" (Freund et al. , 1984, p. 194).
Pedofilia: Interés sexual a largo plazo, en menores que tienen la típica forma de niño menor a 11 años de edad.
Pedohebefilia: Interés sexual en personas con la forma del cuerpo de un niño menor a los 11 años de edad y también en personas pubescentes entre 11 y 14 años, en el caso de mujeres, y entre 11 y 16 años, en el caso de los varones.
De acuerdo con Howitt (1995) "El comportamiento pedofílico es cualquier contacto sexual, forzado o no forzado entre un adulto y un menor" (p. 58), considerando de esta manera el abuso a menores como sinónimo de pedofilia.
El término "abusador de menores", es más usualmente considerado como un término genérico para todos aquellos que comentan un delito contra menores de edad. El abuso de menores es definido como cualquier contacto sexual entre un agresor y una víctima, quien debido a la edad y/o inmadurez, es incapaz, ya sea legal o realísticamente, debido a la falta de una apreciación verdadera de la significancia o consecuencia de acto de dar consentimiento. Los actos sexuales específicos pueden ir desde tocaciones mutuas a una relación sexual verdadera, pero el acceso a la víctima se logra a través de la presión, coerción o engaño (Ibid).
Describir la pedofilia como una parafilia, significa que se clasifica con el sadismo, el exhibicionismo, voyerismo y otras prácticas sexuales que muchos consideran como perversiones.
Las características claves de la parafilia son:
1-. Una excitación altamente sexual, una preocupación o fantasía erótica de largo plazo e inusual;
2-. Una presión para liberarse de esta preocupación;
3-. Una disfunción sexual durante el comportamiento sexual convencional con una pareja, tales como problemas de deseos, excitación u orgasmo (Levine, Risen y Althof, 1990).
Travin (1993), presenta pedófilos de varios tipos. Exclusivos: que se sienten atraídos por niños y No exclusivos: que se sienten atraídos tanto por niños como por adultos. Se pueden sentir atraídos sólo por varones: homosexuales; sólo por mujeres: heterosexuales; o por ambos: bisexuales. Los niños pueden ser sus propios hijos, parientes, ahijados u otros familiares: incestuosos; o niños de familias cercanas conocidas o desconocidas: no incestuosos. También pueden ser primarios (interés exclusivo en el niño), secundarios (interés por los niños que coexiste con un interés mayor hacia los adultos), episódicos, temporarios o crónicos. La edad de las víctimas más frecuentemente elegida por los paidófilos es de 8 a 10 años para las niñas y de 10 años y más para los niños. La enfermedad puede comenzar en la adolescencia, pero es más común en varones de mediana edad, durante periodos de estrés o tensión. Por eso suele ser episódico o temporario. Los casos que recidivan o vuelven a manifestarse varias veces en la vida, son los exclusivos por el propio sexo, más que los exclusivos por el sexo contrario, según las estadísticas. Hay pedofílicos que acariciaron sexualmente a sus hijos y lo vuelven a hacer con sus nietos, para escándalo de sus hijas-madres, que reactivan conflictos reprimidos y patologías mentales. Como contraparte, hay niños que fueron abusados sexualmente por sus padres desde muy pequeños, durante toda su infancia y hasta la adolescencia, con graves consecuencias para su salud mental futura. El curso de esta enfermedad es crónico y difícilmente tratable
Considerando la perspectiva del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV, 1994), la cual clasifica a la pedofilia dentro de los trastornos sexuales y de identidad sexual, se presentan los siguientes criterios diagnósticos:
A. Durante un período de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actividad sexual con niños prepúberes o niños algo mayores (generalmente de 13 años o menos).
B. Las fantasías, los impulsos sexuales o los comportamientos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
C. La persona tiene al menos 16 años y es por lo menos 5 años mayor que el niño o los niños de los que abusa". Por tanto "no debe incluirse a individuos en las última etapas de la adolescencia (entre 15 y 19 años) que se relacionan con personas de 12 o 13 años". Si tienen el mínimo de 16 años, son pedofílicos sólo si tienen relaciones con niños menores de 11 años.
Especificar si:
Con atracción sexual por los varones
Con atracción sexual por las mujeres
Con atracción sexual por ambos sexos
Especificar si:
Se limita al incesto
Especificar si:
Tipo exclusivo (atracción sólo por los niños)
Tipo no exclusivo

2.2-. Teorías sobre la Pedofilia

2.2.1-. Teoría del Aprendizaje Sexual

A pesar de las muchas terapias que asumen que el reaprendizaje o desaprendizaje necesita que ocurra, las formas en que la pedofilia se aprende son raramente discutidas. Más usualmente, se alude a sus orígenes en la compleja dinámica psicológica de la niñez.
Una excepción a esta tendencia, es tratada por Howells (1991). Se conoce que los niños se involucran en diversas formas de actividad sexual con bastante frecuencia durante su infancia. Dando por sentado estas altas tasas de experiencias sexuales con sus pares en la niñez normal, la asociación de la excitación sexual con las características del cuerpo inmaduro de otros niños, podría condicionar una respuesta sexual a largo plazo a los cuerpos inmaduros, con la fortaleza del impulso sexual durante la pubertad posiblemente aumentando la probabilidad de tal proceso de aprendizaje. Dado que la pubertad comienza en distintas edades, existe la posibilidad de que un niño que experimenta su primer deseo sexual en la pubertad, podría estar respondiendo a un par de edad similar pero prepúber.
La tesis de Howells se puede ampliar tomando en cuenta las contingencias de premio y castigo asociadas a estas tempranas experiencias sexuales. No es probable que todas las experiencias sexuales tempranas alienten la pedofilia (Howitt, 1995). Por otro lado, Howells sugiere que el rechazo de los pares y la hostilidad paternal, pueden actuar como castigos que crean una aversión a la sexualidad orientada hacia los adultos. El individuo en proceso de maduración puede así sentirse ansioso acerca de la perspectiva de aproximarse a personas sexualmente maduras.
Además, las fantasías sexuales acerca de otros niños durante la masturbación, pueden reforzar la imaginería pedofílica; existen algunas evidencias de que los abusadores sexuales comienzan a masturbarse a una edad más temprana que los hombres normales (Howitt, 1995). A veces, pedófilos adultos pueden actuar como modelos para este estilo de vida.
"Es por lo menos posible, por ejemplo, que los estímulos que integra el niño, adquieran la capacidad de inducir deseos sexuales como consecuencia de una conducta sexual repetida con niños (un proceso de condicionamiento clásico)." (Howells, 1991, p. 6).

2.2.2-. Modelo del Procondicionamiento

El modelo está basado en el supuesto, de que los abusadores están alejados de las relaciones entre adultos. Notablemente, a pesar de la aparente base investigativa, mucha de la evidencia usada es técnicamente pobre, débil o inexistente. Curiosamente la fortaleza de la teoría proviene de esta debilidad, ya que enfatiza las múltiples causas de la pedofilia - patrones etimológicamente dispares para distintos abusadores (Howitt, 1995).
Al desarrollar el enfoque, Howitt revisó investigaciones empíricas sobre explicaciones de pedofilia categorizada en cuatro tipos básicos:

2.2.2.1-. Congruencia emocional

Ésta es la necesidad emocional de los pedófilos de relacionarse con los niños. Se expresa generalmente en términos de pedófilos que tienen dificultades para relacionarse con adultos. Los niños satisfacen a veces las necesidades emocionales de los pedófilos, lo cual los adultos no pueden hacer. La evidencia para este factor incluye:
Los pedófilos se sienten atraídos por los niños porque carecen de dominancia, así el abusador puede satisfacer su necesidad de dominación expresándola contra los niños;
Los pedófilos son psicológica y socialmente inmaduros;
Los pedófilos carecen de autoestima;
Los pedófilos han sido abusados sexualmente en su niñez, y enfrentan la experiencia por medio de la repetición del abuso o por medio de la identificación con el agresor.
Los pedófilos son narcisistas;
A los hombres se les enseña a ser dominantes, y debido a una inadecuación social, los pedófilos se ven forzados a ejercer esto sobre los niños.

2.2.2.2-. Excitación sexual

Se relaciona al por qué los niños excitan a los pedófilos.
(1) Pruebas de laboratorio demuestran que por lo menos algunos pedófilos consiguen erecciones frente a imágenes de menores;
(2) El abuso sexual en la niñez condiciona la excitación sexual hacia los niños;
(3) La experiencia de abusadores en la niñez proporciona un modelo para patrones de conducta sexual desviada;
(4) Anormalidades hormonales;
(5) Los pedófilos interpretan equivocadamente la excitación fisiológica como una excitación sexual; y
(6) Los pedófilos aprenden a través de la pornografía infantil a considerar a los niños como objetos sexuales.

2.2.2.3-. Bloqueo

Consiste en las cosas que hace que la satisfacción sexual y emocional sea inaccesible para el pedófilo.
(1) Dificultad para relacionarse con mujeres adultas;
(2) Habilidades sociales deficientes;
(3) La ansiedad sobre aspectos sexuales
(4) Dinámicas edípicas no resueltas;
(5) Inconvenientes en las relaciones sexuales o románticas/sexuales de los adultos; y
(6) Normas represivas sobre el comportamiento sexual.

2.2.2.4-. Desinhibición

Se refiere al por qué los adultos no son disuadidos por prohibiciones de la norma en cuanto a tener sexo con menores.
Desorden del impulso: cierto para una proporción pequeña de abusadores;
Senilidad;
Retraso mental;
Alcohol;
Falla de los mecanismos en la evitación del incesto (altas tasas en abuso por parte de padrastros);
Estrés en la situación; y
Tolerancia del incesto dentro de la cultura o subcultura.

2.2.3-. Teoría Cognitiva de la distorsión

Wyre (1992), argumenta que los pedófilos utilizan cualquier medio posible para validar sus actividades, de esta manera, la pornografía es una fuente tranquilizadora. En la pornografía, por ejemplo, los abusadores ven a otro adulto hacer más o menos las mismas cosas que ellos hacen o les gustaría hacer. Esto crea un aura de normalidad acerca del abuso, lo cual puede desencadenar sus inhibiciones frente al abuso como parte de un proceso de "escalada": "pueden comenzar con la masturbación mutua, pero incluso ese nivel perturbador del comportamiento parece escalar bajo la influencia de la pornografía infantil, de modo que ellos seguirán las imágenes a través del sexo oral y vaginal, hasta la penetración anal completa" (Wyre, 1992).
Él rechaza la sugerencia de que la pornografía sirva como una "válvula de seguridad" que desvía la energía sexual del abuso. La pedofilia es una adicción que no se cura proporcionando el combustible a esa adicción.
Entre el estilo cognitivo característico de los pedófilos, está la minimización de su abuso, debido a esto, los antecedentes penales de los abusadores generalmente son incompletos o inexactos (Howitt, 1995).
Los abusadores del niño excusan su abuso sobre la base de un quiebre familiar o desempleo. La culpa también se atribuye a esposas que rechazan el sexo o a las presiones en el trabajo. Estas no son nada más que excusas: "cuando llegan a ser eventualmente honestos sobre esto, si lo son, ellos admiten que se sienten sexualmente atraídos a los niños, y que sus fantasías de masturbación, lejos de ser aquellas de hombres normalmente adaptados, son aquellas de pedófilos con fijaciones que han tenido y continuarán teniendo sexo con niños (Wyre, 1992).
En parte por esta razón, el incesto y la pedofilia no se deben considerar como fenómenos separados y diferentes; "ellos están inextricablemente vinculados. Todos los tipos de abusadores son solamente hombres comunes y corrientes, quienes son hábiles para ocultar sus sensaciones sexuales.
Las excusas también se extienden también se extienden para culpar al niño. Son comunes las afirmaciones de que el abuso fue un accidente: "un abusador me dijo que el abuso de su hija ocurrió cuando él se dio vuelta y su pene, solo se metió en la boca de ella" (Wyre, 1992).
Esta propensión de cambiar la dirección de la culpa, tiene que ser enfrentada para comenzar a controlar a los abusadores. Los profesionales (policías, psicólogos, trabajadores sociales) pueden sin intención reforzar este "culpar a otro" debido a la ignorancia.

2.2.4-. Enfoques Psicodinámicos

Las teorías de la pedofilia basada en la Psicodinámica, rara vez se basan en la investigación. La experiencia clínica es generalmente su única base empírica. Gran parte proviene de las sugerencias de Freud (1905/1977) de que los homosexuales en general, pueden tener sólidas estructuras de la personalidad. Esto no se extendió a los abusadores de niños (aquellos que abusan de los niños eran vistos como aberraciones):
"Es solo excepcionalmente que los niños son los objetos sexuales exclusivos en tal caso. Ellos generalmente llegan a jugar esa parte cuando alguien que es cobarde o que se ha vuelto impotente, los utiliza como sustituto, o cuando un instinto urgente (uno que no permitirá una postergación) no puede en el momento tomar posesión de cualquier objeto más apropiado… A uno le gustaría, sobre bases estéticas, poder adscribir éstas y otras severas aberraciones del instinto sexual a la locura; pero eso no se puede hacer. La experiencia muestra que los disturbios del instinto sexual entre los insanos, no difieren de aquellos que ocurren entre los mentalmente sanos" (Freud, 1905/1977, p. 60).
Este tema fue reiterado muchos años después, cuando Storr (1964) sugirió que el pedófilo: "ha sido incapaz de encontrar satisfacción sexual en una relación con adultos" (Storr, 1964, p. 102).
En la explicación psicoanalítica moderna de la pedofilia, Socarides (1991) distingue entre lo que él denominó el comportamiento pedofílico o fantasía y el verdadero pervertido pedófilo "inevitable" que debe tener actividad sexual con un niño, o sufrir una "ansiedad intolerable" (p. 185). El abusador situacional es lejos el más común de acuerdo a Socarides, mientras que el abusador "inevitable" es rlativamente poco común.
De acuerdo a Socarides, existen dos tipos de pedófilos, los cuales difieren en términos de la etapa del desarrollo en la cual se fijaron sus conflictos profundamente arraigados. La evidencia de esto se basa totalmente en la experiencia clínica, y existe evidencia que da cuenta de por qué la pedofilia es la defensa psicológica escogida, más que cualquier otro de los posibles mecanismos. Socarides concluye su posición de la siguiente manera: "el mayor mecanismo en la pedofilia homosexual fue la incorporación de niños varones para reforzar el sentido de la masculinidad, superar la ansiedad a la muerte y permanecer joven para siempre, así como también volver al pecho materno" (Socarides, 1991, p. 189).
Es difícil saber dónde nos lleva esto en términos de una visión profunda de la pedofilia, especialmente porque sostiene que gran parte del abuso de menores es la consecuencia de la conducta seductora del niño, el embrujo que siente el abusador y la falta de un medio alternativo de liberación sexual (Howitt, 1995).
En cuanto a la visión existente de la pedofilia como perversión, André (1999) señala que el perverso pedófilo es capital demostrar que el niño está sumergido en una especie de sexualidad natural bienaventurada opuesta a la sexualidad restringida, reprimida y deformada de los adultos, y que la expresión espontánea de esta sexualidad natural es el deseo de gozar. Esta idea de un erotismo espontáneo del niño se opone a cualquier tendencia a la violación. Para el violador por el contrario, y es por eso que su conducta tiene que ver con el sadismo, el no-consentimiento del otro es una condición necesaria. El violador busca en efecto probar que se puede hacer gozar al otro por la fuerza, que el goce no necesita el deseo o el consentimiento subjetivo porque es una Ley que se impone absolutamente. Por otra parte, otro punto capital de la argumentación de la que el pedófilo intenta convencernos, es que la violencia en relación al niño se sitúa esencialmente en la estructura familiar por el hecho de ser fundamentalmente represiva en relación a la sexualidad. El perverso pedófilo sostiene que los padres - y, en primer lugar, el padre - abusan de sus hijos y les violentan robándole su sexualidad, impidiéndoles hacer el amor y obligándoles a no ser más que voyeurs del erotismo parental.
El perverso pedófilo nos plantea el desafío de concebir la función paterna como algo fundado sobre la idealización de la pulsión más que sobre la idealización del deseo. En esta pasión, la iniciación al goce tiene la más grande importancia. En efecto, como en toda perversión, el goce se identifica aquí a la Ley. Se trata entonces de introducir al niño a la verdad de la Ley y de hacerle descubrir la mentira fundadora de la familia y de la normalidad social (André, 1999)

2.3-. Características generales de los pedófilos

No todos los pedófilos son necesariamente iguales ni parecen operar con las mismas estrategias. Unos son violentos, mientras otros son seductores de niños. Hambridge (1994), por ejemplo, encontró que los violentos decían cosas denigrantes sobre sus víctimas en mayor proporción que los seductores. También, unos prefieren niños y otros prefieren niñas. Miner, West & Day (1995), por su parte, comunican que los agresores infantiles con víctimas masculinas mostraron un perfil de excitación sexual más relacionado con el delito que los agresores con víctimas femeninas y los violadores, es decir, parecen ser más "verdaderos pedófilos".
El estudio de las características de personalidad de hombres pedófilos ha sido el área de mayor actividad investigativa del tema entre 1992 y 2006. Diversos autores han encontrado evidencia de trastornos psicopatológicos en esta subpoblación. Hambridge (1994), por ejemplo, encontró bajos niveles de inteligencia y trastorno psicopático en hombres pedófilos. Moller & Bier-Weiss (1995) reportaron rasgos de personalidad dominados por signos de conducta pasiva y dependiente. Miner, West & Day (1995) documentaron la existencia de trastornos de personalidad narcisista, introspección dolorosa, visión distorsionada de los otros, y necesidades primitivas de dependencia en pedófilos encarcelados. Sin embargo, no está totalmente claro cuánto de esto puede deberse a la pedofilia, a la encarcelación, o a la combinación de ambas condiciones.
En tal sentido, Bridges, Wilson & Gacono (1998) en una revisión crítica de investigaciones sobre el tema, señalan que algunas características específicas, pueden ser el resultado de estar inmerso en una situación de reclutamiento; así por ejemplo, descubrimientos de una autoestima baja podrían reflejar sólo la experiencia de ser condenado o ser prisionero. Desde este punto de vista, tanto los reportes clínicos como las evidencias extraídas a partir de pruebas estandarizadas y test proyectivos, se ajustaban a los señalados por Bridges, Wilson & Gacono (1998), al caracterizar a los abusadores sexuales como sujetos con un desarrollo emocional inmaduro, una autoestima generalmente disminuida y poca eficacia en las relaciones sociales.
No obstante, otros autores no encuentran suficiente evidencia de una psicopatología específica y claramente definible. Glaser (1998) concluye que los pedófilos son generalmente "normales", pero diestros en planear su conducta delictiva y negar su existencia. Algunos estudios anteriores tienden a justificar esta conclusión: Johnston, French, Schouweiler & Johnston (1992), por ejemplo, sólo pudieron mostrar una necesidad cínica de afecto en pedófilos norteamericanos, y Gillespie (1993) reportó una inhabilidad de sus pacientes para ver su actividad sexual como necesitada de tratamiento y resistencia a cambiar su conducta. Wasiliw, Grossman & Haywood (1994) y Haywood, Grossman, Kravitz & Wasiliw (1994) hallaron que la negación de la hostilidad estuvo asociada con la minimización de la psicopatología y con la negación de la acusación.
Con respecto al uso de la fuerza en el abuso sexual infantil, Howells (1991) señala que es importante distinguir entre abusadores que son agresivos y aquellos que no lo son. En este sentido, se encuentran abusadores no agresivos físicamente que sólo utilizan la amenza y la persuasión para abusar de sus víctimas. El abusador que presiona tiene el objetivo de lograr el "consentimiento" del niño a la relación y así autoconvencerse de que la unión es mutua, más bien que abusiva o explotadora. Si el niño se rehúsa, el perpetrador puede intensificar sus esfuerzos para seducir, pero rara vez forzará a su víctima. Existe otro tipo de abusadores que fuerzan a sus víctimas, usando tanto la intimidación como la agresión física para poder cometer el acto abusivo, de tal manera, que cuando su poder de adulto no es suficiente para someter al niño, el perpetrador empleará la fuerza física para lograrlo. Otros abusadores prefieren la agresión física, planificando el acto abusivo de tal manera que la relación sexual ocurra generalmente con violencia hacia la víctima (Howitt, 1995).
Es de vital importancia por otro lado, identificar el perfil de adolescentes en riesgo de convertirse en agresores sexuales (basado en estudio sobre agresores sexuales adultos): i. Preferencias sexuales dirigidas hacia niños, ii. Altos niveles de distorsión cognitiva (por ejemplo, pensar que a los niños les gusta el sexo), iii. Problemas graves de competencia social y problemas en la relación con sus iguales, iv. Soledad emocional, v. Historia de grave maltrato físico, negligencia y maltrato psicológico (Prentky y Knight, 1993).

2.4-. Enfoques Terapéuticos

Luego de haber presentado las diversas causas y características posibles de identificar en un sujeto pedófilo, como propuestas surgen diversas alternativas de tratamiento y psicoterapia orientadas a esta condición, las cuales al parecer, han producido avances más bien discretos en los últimos años, aunque se considera que la necesidad y deseabilidad de tratamiento ya en sí es un logro. Desde este punto de vista, se han seleccionado algunos modelos de tratamiento que se utilizan actualmente en muchos países, los que están enfocados a lograr un cambio en la conducta tanto de agresores adultos y especialmente en jóvenes abusadores, puesto que cuanto más jóvenes sean los menores que ingresan a prisión, más probable es que reincidan y queden, por lo tanto en la "rueda del sistema legal".
La efectividad de programas de rehabilitación tanto en instituciones correccionales como a nivel de la comunidad ha sido cuestionada por la inconsistencia en las medidas de evaluación de estos programas (Wood, 2000). Principalmente se han desarrollado programas grupales, programas de orientación cognitivo-conductual y programas multimodales con un enfoque familiar. En programas de tratamiento psicoterapéutico del abusador sexual se plantean metas que parten por crear un contrato terapéutico auténtico, para luego ayudarlo a asumir responsabilidad por el abuso, a desarrollar empatía con la víctima, a desarrollar el control de impulsos y, en casos de que es un conocido de la víctima, a participar en crear un plan de seguridad para que el abuso no se repita y a realizar una sesión de disculpa. Además algunos programas agregan elementos de reestructuración cognitiva, educación sexual, asertividad y habilidades sociales. El término prematuro de un tratamiento es un fuerte indicador de la posibilidad de cometer un nuevo abuso, principalmente en el caso de violadores y pedófilos homosexuales.

2.4.1-. Modelos de Buena práctica para el tratamiento:

2.4.1.1-. El Modelo Shrsphire desarrollado por Alix Brown.

a) Evaluación preliminar: En primer lugar se convoca al sujeto agresor y a la familia para explicarles lo que se les ofrecerá en el tratamiento, luego se escuchará la historia de boca del sujeto. Es importante comprobar la actitud del sujeto agresor y de la familia hacia el abuso. Posteriormente, identificar las diferencias entre víctima y agresor e indagar sobre el ambiente del agresor para observar si existen factores de riesgo, finalmente se realizan recomendaciones.
b) Áreas claves de la evaluación incluyen: 1. Tiempo durante el cual la persona ha estado cometiendo abuso, 2. El nivel de congruencia entre fantasía y realidad, 3. Si las creencias del agresor sugieren que éste está interpretando el comportamiento de la víctima como legitimador de la agresión.
c) Intervención inicial:
1. Sesiones de recogida de información.
2. Conocimiento y experiencias sexuales e informe inicial de la agresión.
3. Exploración de patrones abusivos.
4. Identificación de actitudes o fantasías abusivas, toma de conciencia de lo que significa ser víctima y asuntos personales relevantes.
5. Elaboración de un plan para el manejo de los factores de riesgo que será discutido con todas las personas involucradas.
d) Intervención a largo plazo:
1. Aceptación de responsabilidad.
2. Empatía hacia la víctima.
3. Trabajar la fantasía.
4. Educación sexual y de las relaciones interpersonales.
5. Autoconfianza y autoestima.
6. Consecuencias de la agresión.
7. Pasos a seguir para llegar a una vida positiva, libre de abusos.
8. Trabajo personal adicional
e) Trabajo en grupo a corto plazo: Seis semanas para cada grupo. Se formarán grupos de personas cuando lo necesiten o cuando haya personas que se considere que pueden trabajar juntas, cuidando de no poner gente inadecuada en los grupos (juntar adultos con jóvenes agresores).
Las áreas de trabajo que se cubren son: - Patrones de abuso
- Educación sexual
- Empatía hacia la víctima
- Construcción de una vida sin abusos

2.4.1.2-. Terapia Multisistémica (MST)

Se centra en variables comúnmente asociadas a los jóvenes agresores sexuales (tiene una duración de 4 a 8 meses).
- Individual: En el 50% de los casos hay una historia sin agresiones sexuales.
- Familiar: Muy poco cálida, dificultades entre los padres, uso de violencia, abuso de sustancias.
- Pares: Aislamiento, socialmente poco habilidosos, inmaduros.
- Escuela: Problemas académicos y de conducta, dificultades de aprendizaje.
Dentro de los objetivos, se encuentran: mejorar las estrategias de solución de problemas, fomentar la competencia parental, cambiar el grupo de pares, conseguir la colaboración de la escuela y establecer redes sociales de apoyo.
Por otra parte, Muse y Frigola (2003), sugieren tomar en cuenta dos tipos de pedofilia como guía para su posterior tratamiento:
Una gran parte del tratamiento para el paciente que padece una pedofilia secundaria se basa en recalcar el daño que la explotación sexual de menores causa en la víctima. Como este grado de la pedofilia se caracteriza por remordimientos por parte del perpetrador, el hecho de destacar las secuelas que la explotación sexual desencadena en el desarrollo de una persona de corta edad puede penetrar las defensas de negación y racionalización que se suelen ver con esta población de pedófilos. Como la conducta explotadora en la pedofilia de segundo grado es, en gran parte, el resultado de determinadas frustraciones en la vida del perpetrador, es posible la identificación de los estímulos que disparan los impulsos pedófilos, y así prevenir su eventual expresión.
El tratamiento del pedófilo de primer grado también requiere examinar con el paciente las consecuencias negativas de su conducta sexual en sus víctimas. Sin embargo, el pédofilo de primer grado carece de la misma capacidad de autorreflexión que el de segundo grado, y se percibe frecuentemente en la terapia que el paciente es mínimamente accesible cuando el psicólogo intenta hacerle apreciar, mediante la diseminación de información y la facilitación de empatía, del enorme daño de sus acciones. La terapia propia del pedófilo de primer grado es la conductual, y en especial el contracondicionamento. Tal terapia consiste en el condicionamiento
aversivo de los pesamientos, imágenes e impulsos pedófilos, y en el condicionamiento nuevo de pensamientos, imágenes y conductas sexuales apropiadas. El uso de condicionamiento encubierto durante el cual la conducta pedófila es imaginada en el despacho del psicólogo y asociada a consecuencias nocivas (como el estímulo desagradable de oler amoniaco o el de imaginar ser detenido por la policía) está combinado con la práctica de la masturbación (u otras actividades placenteras) asociada a imágenes que incluyen una relación sexual y afectuosa con un adulto. Mientras que el contracondicionamiento es opcional con el pedófilo de segundo grado, es imprescindible para el tratamiento del pedófilo de primer grado. El efecto del contracondicionamiento puede tardar unos meses en reducir el riesgo del comportamiento pedófilo, y es prudente en casos en los cuales el paciente no está encarcelado considerar emplear temporalmente un fármaco capaz de suprimir parcialmente el interés sexual.

3-. Conclusiones

Es posible identificar que la pedofilia ha sido en los últimos años, una de las parafilias que ha llamado mayoritariamente la atención tanto en el área de la psicología como en la sociedad actual. Se han evidenciados apreciaciones y aportaciones un tanto diversas en cuanto a la pedofilia pero, sin embargo, todas ellas identifican los papeles que representa tanto la víctima como el agresor al momento del abuso, considerando que la actividad sexual niño-adulto debe ser generalmente combatida basada en la creencia de que ésta es invariablemente dañina. Aunque, por otra parte, y considerando las transformaciones tanto históricas como culturales, se debería mantener abierta una interrogante muy importante, a la cual, principalmente la Psiquiatría y la Psicología debería tomar en cuenta: ¿podría ser que diferentes sociedades y culturas tengan formas diversas de percibir y tratar las relaciones sexuales entre adultos y niños, adultos y adolescentes, y adolescentes y niños?
Mirar el abuso sexual dentro de un amplio contexto social supone reflexionar sobre los factores que contribuyen a dar poder a los ofensores y los factores que refuerzan la vulnerabilidad de las víctimas. Es necesario estar convencido de que las relaciones interpersonales deben estar basadas en el respeto mutuo y no en el poder.
No existe un perfil único que pudiera encasillar al sujeto pedófilo, puesto que a través de distintas investigaciones se ha podido dilucidar, que no todos los pedófilos poseen las mismas características psicológicas y conductuales. Es de esta forma, que se debería hacer el esfuerzo por hablar de características asociadas, evitando de este modo caer en generalizaciones, que pudieran sesgar tanto las evaluaciones como un futuro tratamiento. A la vez debe tomarse en cuenta el contexto en que se encuentra inmerso el agresor, considerando como este afecta, o se relaciona con las características evidenciadas en él.
En programas de tratamiento psicoterapéutico del abusador sexual se plantean metas que parten por crear un contrato terapéutico auténtico, para luego ayudarlo a asumir responsabilidad por el abuso, a desarrollar empatía con la víctima, a desarrollar el control de impulsos y, en casos de que es un conocido de la víctima, a participar en crear un plan de seguridad para que el abuso no se repita y a realizar una sesión de disculpa. Además algunos programas agregan elementos de reestructuración cognitiva, educación sexual, asertividad y habilidades sociales.
La conducta de abuso tiende a repetirse y los abusadores tienden a no asistir o a abandonar los tratamientos. Muchas veces van obligados por el sistema legal sin una motivación propia y con problemas para mantener una confidencialidad, sin embargo, en muchos casos puede ser la única medida para asegurar un tratamiento adecuado. Por otra parte, existen pocos lugares especializados en tratar abusadores sexuales y la mayoría de los profesionales de salud mental no tiene mucha experiencia en el tema.
Una especial atención requiere el detectar adolescentes que han cometido abusos sexuales o con factores de riesgo para ello, de manera de poder intervenir precozmente. Hay que recordar que el haber sido víctima de abuso es un factor de riesgo para ser abusador y, por lo tanto, es fundamental intervenir adecuadamente a ese nivel.
A modo de corolario, podríamos decir que el tema de los abusadores sexuales nos plantea una serie de desafíos en el desarrollo de investigaciones, de intervenciones a nivel individual, familiar y social, de evaluación de las intervenciones, entre otras que posibilitarían una mayor comprensión y entendimiento más completo respecto a la temática de la pedofilia.


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